Al alba despertó
enamorada, los trinos de las aves anunciando un nuevo amor como si todo ello se tratara de
música celestial, sus ojos brillaban como estrellas, observándome, parecía una mujer
distinta, todo en ella parecía resplandecer a pesar de que al comienzo de la noche todo
era inseguridad, tristeza, pesar, dolor, su rostro desencajado por la locura de la
traición ahora resplandecía bajo una leve niebla de culpa, culpa por sentirse amada,
culpa por sentir un amor que había querido ocultarse a sí misma, todo avanzaba mientras
el tiempo la devolvía a la realidad,mejor, mientras los hechos la recordaban la realidad,
dejando que todo su dolor resurgiera de nuevo en forma de congoja y llanto desesperado.
¿Cómo podía sucederla esto?, ¿qué había hecho mal?, ¿porqué esa traición?,
preguntas y más preguntas que quedaban en el aire por lo lógico de sus respuestas, ella
no había cometido el error, ella no había cometido la traición, ella no había
provocado la situación, su vida se había escapado entre sus dedos sin darse cuenta por
un error, un poderoso error que sólo puede cometer un necio, un ser sin criterio que
hiere la dulzura de un amor.