San ValentínDía de los Enamorados

San ValentinWeb del Amor

San Valentín: Día de los Enamorados


Todos los días es 14 de Febrero en
www.sanvalentin.tv
San Valentin
Salvapantallas
Fondos de Pantalla Clip Arts
Gifs Animados Wallpapers
Postales Horoscopo
Recetas y Afrodisiacos Música Romantica
Poemas Juegos
Historia Emoticonos
Fuentes Relatos Romanticos
Fondos email Piropos
Citas

Tradiciones Fondos
Logos Animados
Melodías
Te Quiero
Fondos web
San Valentín

Día de los Enamorados - Valentine's Day or Saint Valentine's Day

 




enamorar2.gif (643 bytes)

Caminé por el sendero de piedra, crucé el camino de tierra y me arrecosté a una distancia prudente de la casa. Ahí me quedaría, una semana si fuera necesario. Lo suficiente para que se volviera loca y decidiera salir de ahí. No se que iba a comer, ni que iba a beber. No había ningún lago cerca. Pero de alguna manera me las iba arreglar. Mi amor por Sayen no iba a morir de ninguna manera, y justamente, haciéndole honor a mis palabras ya pronunciadas, cumpliría con lo dicho. Ella saldría, tarde o temprano. Saldría de aquella prisión, aquella casa destartalada que era su cubil y su guarida contra la luz del mundo real.
En el cielo la luna llena iluminaba todo, como el día que había llegado a Viduan sobre mi raquítico caballo que había vendido en el Gran Bazar por unas pocas monedas. El viento silbaba con furia, y los búhos ululaban desde las alturas. No pude conciliar el sueño hasta que las estrellas se esparcieron por el océano cósmico, y ni siquiera entonces pude dejar de pensar en ella.

Durante cinco jornadas Sayen vivió un infierno en carne y piel. Su cabeza no podía dejar de pensar en Agios y todo lo que hacia, lo hacía nerviosa y de mala manera, equivocándose y cometiendo constantes errores. En mas de una ocasión, había desmenuzado a sus “hijas” en el pequeño jardín privado que había plantado. Los errores se repetían y en su mente solamente viajaba la imagen de la persona que tanto había amado.
En las noches, acostada en su lecho había intentado auto satisfacer su deseo de oler y tocar piel masculina, pero en vano, ya que su mano apenas y lograba lo que podía hacer otra. En sus sueños, podía sentirse normal, ya que como siempre, se repetían las mismas imágenes, en igual orden y en igual tiempo. El mismo hombre cuyo rostro no se puede ver, el mismo bosque cuyos árboles llegan hasta el infinito, el mismo lago cristalino y cálido, y finalmente, el mismo ciervo de astas y porte magnifico.
Cuando llegó el día en la sexta jornada, no podía levantarse de su cama. La soledad la había atenazado de tal manera que era incapaz siquiera de abrir los ojos. La soledad se había transformado en terror y lo que antes había sido su guarida (la casa entera) se había transformado ahora en su habitación, donde con la puerta cerrada, imaginaba que tipo de pestes y manos negras recorrían los pasillos de su casa. Cuando se hizo la noche, y ya nada podía divisar, salió de la habitación y caminó hasta la puerta. La luna se encontraba reducida a la mitad de su luz y algunos rayos lograban filtrarse por las ventanas mal tapiadas. Tocó con sus pequeños y delicados dedos la superficie de la puerta y sintió que le ardía el pecho a causa del dolor. Ya no soportaba aquella maldición, ya no toleraba su cobardía.
Entonces un grito desgarrador, resultado de un igual dolor, pero por parte de Agios, tronó bajo el firmamento nocturno.
-¡Sayen ven a mi! ¡Por favor, ven a mi!
Sayen abrió los ojos desmesuradamente, aquel sonido era Agios, y sin pensarlo siquiera, destrabó la cerradura de la puerta, llevo una mano al pomo, y con un solo movimiento abrió la pesada puerta de hierro. La luz de luna vertió su esencia sobre la miedosa mujer y Sayen, atisbando en la oscuridad, pudo ver una silueta arrodillada en el suelo. Escuchó un sollozo y sin pensarlo siquiera, se acercó corriendo hasta donde Agios se encontraba. Agios levantó la mirada cuando escuchó los pasos acercarse y levantándose de un instante a otro, se dirigió hacia ella con los brazos abiertos en un abrazo lleno de amor.
-¡Has venido a mi! ¡Estas aquí, por mi! -exclamó Agios en una caudal incesante de sonidos guturales, productos del llanto descontrolado y del dolor agonizante.
-Agios, yo… yo te amo. -susurro Sayen, mientras acariciaba el rostro de su amado.
-Vámonos de aquí, marchémonos lejos, esta noche, será nuestra noche.
Sayen sonrió dulcemente, y aunque supuso que no estaría preparada para semejante prueba, lo siguió tomándolo de la mano con fuerza. Bajó la mirada, y contempló el suelo mientras corrían por las praderas bajo la luz de la luna, ya que no quería mirar otra cosa mas que la sombra de su amado. Juntos se abrazaron aquella noche, y cuando lo vio, no pudo diferenciar sus facciones ya que la medíaluna no alumbraba tan fuertemente como el plenilunio, pero esto no fue un contratiempo, ya que la felicidad en la cual se encontraba embargada su alma era tal, que nada podía destruir aquel momento perfecto. Se abrazaron entre besos y caricias, y juntos rodaron por el suelo hasta la ribera de un enorme y bello lago. Ahí mismo se amaron hasta el cansancio, y al otro día, cuando el sol nació en el horizonte Sayen pudo darse cuenta de que finalmente se había curado, mientras la brisa cálida del otoño acariciaba su cuerpo desnudo.
Y el ciervo se marchó entre los arboles.

 

 

Historias y Cuentos de Amor
Gifmania C.B. Paseo de la Chopera 142 1A-  28100 Alcobendas - Madrid - Spain
| Sobre Nosotros | Contacto | Política de Privacidad |