Volando por los
confines del Universo, solo y triste, divagaba sobre mis propios pensamientos anhelando
encontrar esa mitad que siempre me faltó. Cada estrella, cada planeta, cada cometa que
cruzaba en mi camino hacia ningún lugar, me recordaba cuanto me hubiese gustado compartir
esas imágenes, esas sensaciones, con alguien más.
En estado vaporoso, tal y como me encontraba, me sentía ligero y tenía plena conciencia
de todo lo vivido en la Tierra en mis vidas anteriores. Recordaba con total nitidez a
todas y cada una de las personas que habían pasado por mi vida. Todos los amores, todas
mis labores, mis amigos, mis familias en cada momento
y aun así no veía extraña
toda esa amalgama de vidas y relaciones pasadas. Además era en este momento tan liviano
en el cual encontraba la cadena que me conectaba con cada una de esas personas, como se
habían ido sucediendo en diferentes vidas y nuestras relaciones se habían ido
fortificando, limado diferencias y solucionado conflictos. Eran cientos de vidas, miles de
experiencias, tragedias, comedias
y de todas ellas aprendí, más o menos, pero
aprendí. En alguna ocasión recordaba haberme cruzado inconscientemente con mi alma
gemela, pero aún no estaba preparado y, al igual que apareció, desapareció. Como un
fugaz relámpago. Igualmente recordaba como, dentro de un mismo círculo social, en cada
vida y como si fuese un teatro, cada ser vinculado a mi durante todas estas vidas iba
cambiando su papel en escena. Mi padre en esta última vida que fue mi hijo en el siglo
XVII o una de mis novias que fue mi ejecutor en la Primera Guerra Mundial. Amigos que
fueron amantes, amantes que fueron hermanos, hijos que fueron abuelos
y al mismo
tiempo me tocó adquirir los diferentes papeles a mi mismo y como un gran péndulo vi como
aquello que en una vida hacía me era devuelto con más intensidad en otras vidas
posteriores. Mis deudas se iban saldando e iban aconteciendo unas nuevas, pero cada vez
adquirían mayor complejidad e implicaban mayor sabiduría.
Acababa de pasar por Plutón, ya estaba en el Sistema Solar, en ese otro plano etérico,
podría decirse paralelo, al que siempre conocí en vida. Sabía que me acercaba de nuevo
a mi destino, que mi espera se terminaba en breve. De vez en cuando veía otros como yo
que iban hacia donde yo venía, y otros que me seguían en la lejanía hacia el mismo
destino que yo. Me preguntaba mientras atravesaba el Sistema cuánto tiempo habría pasado
desde la última vez, cómo habría cambiado desde la última vez que estuve allí. Y si
esta vez encontraría esa mitad y si sabría identificarla. Si al menos hubiésemos
coincidido en donde estaba ahora nuestra unión hubiese sido eterna, pero nunca se dio tal
caso y llevo milenios en busca de esa esencia vital que me lleva a volver una y otra vez
tras su rastro.
Qué bonitos los anillos de Saturno, es una creación maravillosa el Universo. Claro, que
el Sistema Solar y esta galaxia no son lo mas bonito que he visto. Si los humanos
terrestres tuviesen la oportunidad de admirar la inmensidad del Universo se darían cuenta
de muchas cosas que hoy día dan por imposibles y que de hecho son. Me acerco a mi
destino, me siento sosegado y tranquilo, esta vida va a ser muy plena. Mi familia es
acogedora, soy su primer hijo y para ellos será una gran alegría. Después de la
reconstrucción del útero de mi futura madre, el saber que podría engendrar un niño
llegó al seno familiar con una gran ilusión. No seré el único hijo, pero mi hermana
tardará unos años en llegar. Aprenderé bastante de esta experiencia, pero, no obstante,
hay malos momentos que tendré que aprender a sufrir con valentía. Me encantará también
reencontrarme con viejos amigos, aunque sea de forma ignorante ese vínculo nunca se
pierde. Será una bonita experiencia.
A lo lejos veo Marte, el planeta rojo. Consciente de que en esta vida me encontraré con
mi alma gemela y que es un capítulo que queda abierto, la alegría me embarga. Esta vez
quizá sea la definitiva, no la puedo dejar pasar. No he de temer, no he de desesperar,
llegará, el encuentro es inevitable, está escrito. Imagino el momento y me emociono,
apenas a tiempo de entrar en la atmósfera de mi nuevo hogar. Marte es un buen sitio para
vivir estas nuevas experiencias de las que he de aprender tanto. Cuando el planeta Tierra
acabó derruido, la gente que consiguió escapar a las colonias marcianas adquirió una
nueva conciencia de humanidad y sociabilidad. Decidieron eliminar por completo cualquier
arma por mínima que fuese y desarrollaron nuevas ciencias en pos del conocimiento y la
evolución de la mente humana. Aprendieron a manejar energías que hasta entonces sólo
unas antiguas civilizaciones como la Maya o la Egipcia conocían. El pensamiento sufrió
un positivo cambio, alejado de la violencia y el autoexterminio.
Veo un edificio, es mi nueva vivienda. Todos esperan mi llegada, son conscientes de mi
procedencia y claman alegremente mirando al cielo, algunos casi pueden verme, aquellos
privilegiados que han conseguido la sensibilidad necesaria para ver más allá. No es mi
primera vida en Marte, estuve aquí en el siglo II después de la destrucción de la
Tierra. Veo esto muy cambiado, quizá hayan pasado décadas desde mi última vez, aunque a
mi me hayan parecido horas divagando por el Universo. Ahora soy consciente del año en el
cual comienzo otra vez a vivir, antes de llegar a la sala donde me esperan puedo ver un
letrero que anuncia la fecha, 5 de Junio de 477 d.T.*. Es lo último que veo desde este
lado etérico. Me sumerjo, pierdo mis recuerdos, mi conciencia plena de todas mis vidas
anteriores
se va perdiendo mi memoria
veo una luz
unas manos
sollozos, llanto, respiro
Bienvenido a la vida.